La tesis. Me estás matando Susana

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  • Resumen: Susana se va de repente. Eligio, terco, enamorado y orgulloso, no puede dejar que su pareja se aleje sin una respuesta, pues su relación e historia no pueden acabar así.

La comidilla de esta semana es sin duda, la tesis plagiada de Peña Nieto. Aunque como muchos, también pienso que hubo una exageración en la promoción del reportaje que dio a luz este incidente, me parece sorprendente que exista alguien que le reste importancia al tema, pues es innegable que un asunto como la copia, la mediocridad y la filosofía del mínimo esfuerzo no pueden ser pasados por alto cuando hablamos de un trabajo académico que abala una licenciatura, en especial porque se trata de una figura de suma relevancia como lo es el ejecutivo nacional.

Al respecto, también ha salido a relucir en redes sociales una supuesta reflexión en la que se remarca la dificultad para juzgar el mencionado acontecimiento por el hecho de que “La mayoría de los mexicanos somos así” pero, ¿es cierto? ¿Será que no podamos escapar de esa prisión de indisciplina, fraude, mezquindad, pereza y soslayo? Pobres mexicanos, tan lejos de Dios y tan cerca de nosotros mismos.

Ya que tocamos el Laberinto de la soledad del que no podemos salir, quiero continuar con lo que más nos importa en este blog. Aprovecho todo el marco de la tesis, de las medallas de los mexicanos, de la CONADE, de la literatura y de la misma corrupción de siempre para cavilar un poco sobre Me estás matando Susana, inspirada en el libro Ciudades desiertas del novel mexicano José Agustín.

Fiel a su contraparte literaria, Me estás matando Susana en lugar de profundizar demasiado, te cuenta las cosas, sin embargo, la forma superficial en la que se aborda la relación de los protagonistas goza de mucho volumen ¿Irónico? Si, al igual que la película. Ésta narra la historia de cómo Eligio, interpretado por el eficaz Gael García,  va en búsqueda  de Susana a los Estados Unidos, la potencia mundial en donde se vive con sobriedad y excesiva pulcritud, lejos de la barroca, folclórica y ambigua Ciudad de México.

me-estas-matando-susanaEntre lo más destacable encontramos el guion, que es ligero, cargado de sutiles contrastes y proyecta, en esencia, lo mejor de la obra de Agustín: la idiosincrasia de sus personajes.  Ya sea el “narco”, el “chairo”, el “charolastra”, el “naco”, el “mirrey”, el “político”, la “fresa” y uno de mis favoritos el “mojado”, hasta hoy y por lo general, la forma que más se utiliza para presentar un mexicano en un largometraje es el estereotipo, sin embargo, en Me estás matando Susana se usan todos y a la vez ninguno, como si la ausencia de una polarizada y colorida personalidad ya fuera en si un cliché que resulta en el hombre que muchos tercos compatriotas llevamos dentro. Un gran acierto al desarrollar a Eligio, pues hace que la trama se aleje del convencionalismo de las comedias románticas en las que se exploran únicamente los motivos y fundamentos de la protagonista femenina ( o en su defecto, del galán incomprendido) y se acerca más al mexicano masculino promedio de clase media que tiene aspiraciones bastantes convencionales (pareja, sexo,  trabajo, un departamento, un volkswagen, etc.)

Del otro lado de la cortina está la enigmática Verónica Echegui, quien da vida a Susana, una española distante pero sensible en la que, sin alcanzar la crítica recalcitrante al machismo, se reflejan las más importantes banderas del movimiento feminista. La independencia a la que tiene derecho toda mujer, la libertad de realizarse, de amar, de escribir y ser dueña de su sexualidad. También de ser frágil y fuerte, de celar y dar celos; de alejarse cuando sea necesario y estar cerca cuando más lo necesita. Por este conjunto de trazos alejados de lo exagerado, encuentro gran valor en el argumento del filme, porque la historia de Ciudades desiertas parecía algo anticuada, pero los temas vuelven, suelen ser cíclicos y la frescura de Me estás matando Susana cae muy bien en estos días.

No  queda más que recomendar esta cinta. En cartelera se desempeña contra el remake de un clásico (Ben-Hur) y la tercer entrega de una escabrosa saga (La noche de la expiación 3). Vale la pena elegir la producción mexicana por su ironía y naturalidad. También por una muy cumplidora puesta en escena, su agilidad narrativa y por retomar conceptos sociales difusos muy cercanos que cuestionan nuestra realidad. ¿Estaremos siempre condenados? No lo sé; ¿por qué no podemos salirnos de esta zanja? Probablemente porque seguimos más preocupados por ver a quién metemos en lugar de tratar de salir de ella; ¿hasta cuando tendremos la oportunidad de parar y volver a comenzar? Tal vez hasta que encontremos equilibrio y congruencia al hablar de una tesis parcialmente copiada.

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