Una taza de café. Dia de la Independencia (2) Contraataque

IDR

  • Resumen: 20 años han pasado desde aquel heroico 4 de julio en que la Humanidad venció un ataque extraterrestre. Aunque parece que como especie superamos nuestra extinción, aún nos queda una venganza que enfrentar

Solo porque es muy popular, Batman ha sido víctima de la dulcificación tan solo unos años después de su primer capítulo (Batman – Batman Forever). Las demás películas de los 80s y 90s, han tenido que esperar por lo general, al farandulero vigésimo aniversario para contar con secuelas un poco, digamos, desabridas; descafeinadas en términos cafeteros. Un ejemplo claro es el de Jurassic World o el de Terminator Génesis. Posiblemente también lo sean Top Gun 2 y los Cazafantasmas. Así lo fue Total Recall y lo es ahora Día de la Independencia 2: el contrataque.

Sabemos que el recicle de ideas es una práctica bastante común en Hollywood pero ¿Por qué tienen que bajarle tanto de tono? Mi mente alucina con la pregunta. Si una fórmula consiguió que tu película fuera considerada como icono de la cultura popular, por qué no seguir por ese camino.

De ID4-2 y en especial de Roland Emmerich, -que sorprendentemente dirige esta secuela 20 años después-, no me esperaba demasiado. Al contrario, fui a la sala casi por el compromiso moral de cumplir con mi meta anual de visitas y porque la cinta original es una de mis favoritas. Afortunadamente, Emmerich no se ve exageradamente ridículo como en 2012, pues, aunque el nuevo capítulo nos presenta un mundo futurista en el que las armas obtenidas por la captura de los extraterrestres invasores han confluido en una utopía tecnológica para el humano, el universo propuesto no desentona mucho. Digamos que es casi creíble.

Lo que si me causa problemas es la poca intensidad con la que el guion, los actores y las situaciones encaran la aniquilación apocalíptica. Los filmes de hace algunos años, en especial  el de los 90, se caracterizó, como en otros aspectos culturales y sociales de la década, por la decadencia y el pesimismo gutural hacia el porvenir. También por la excentricidad y la grandilocuencia pero sin duda no por la jovialidad, la esperanza, la hipócrita hermandad y la colorida pero irrisoria ilusión de igualdad que se vive hoy en día.

El contexto social pero en especial, los insuficientes esfuerzos por hacer que todos sean felices están afectando gravemente a un cine cuya única cualidad, era su personalidad. Las películas de hoy son un chiste genérico y no lo digo porque el hecho de haberse realizado hace 20 o 30 años haga automáticamente del film un mejor trabajo, lo menciono porque antes, incluso en la industria cinematográfica comercial, la forma de abordar un tema era más serio, lo que provocaba una mayor dramatización de los escenarios. En la ID4 de 1996, los problemas se enfrentaban desde la penosa realidad y se iban intensificando, había muerte, fracasos y los personajes evolucionaron hasta lograr su catarsis (Steven cumple su sueño espacial, David entiende la importancia de vivir con riesgos, el Presidente se enfrenta contra la idea y el hecho de ser un político, etcétera).

En Día de la Independencia Contrataque, lo más impactante no es la embestida espacial sino la pasmosa e insípida reacción de los protagonistas ante los eventos que se van desarrollando. Una lamentable conjugación de malas actuaciones, falta de interés, poco compromiso, muchas imágenes creadas por computadora y un apresurado montaje solo consiguen que se experimente una décima parte de la emoción que nos brindó el primer escuadrón. En su predecesora, se degustaban con calma los momentos cruciales, como cuando los atacantes se posicionan en  las capitales del mundo,  o cuando Hiller y Levinson están atrapados en la nave nodriza y por supuesto, en el emblemático discurso del presidente.

Perdonen la burda analogía, pero volveré a usar un ejemplo cafetero, Día de independencia original aunque no pasa de ser un gran blockbuster, podría compararse con una taza de café negro bien cargada mientras que la entrega actual sería más o menos como el café soluble que te preparas cuando no queda de otra. Tal vez la última luzca semejante a la primera y te haga pasar del apuro, pero nunca sabrá y olerá igual. Mi frustración nace de ahí. Prefiero al David de antes, al presidente Whitemore de antes, al doctor Okun de antes y la trama trabajada, intensa, expectante y madura de antes (nada extraordinaria pero consistente). No es por nostalgia, es porque me gusta más el café que se prepara del grano molido, que los inventos mezquinos de Nescafé.

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