Libres y esclavos

portadalibresyesclavosInteresantes visiones sobre la esclavitud las que obtuve este fin de semana. Por un lado, tenemos una película a todas luces dirigida para el consumo animoso y centrado en el entretenimiento. Por el otro, la percepción de una historia de naturaleza triste y emotiva. Estas son las conclusiones miopísticas que se despendieron al respecto:

12 años de esclavo

12años

Como lo dije, su naturaleza: triste, su condición: controvertida. Para nuestro país, una nación tercermundista con notorios problemas sociales, económicos, culturales y antropológicos, la discriminación pasa a un segundo plano. No es que el concepto carezca de importancia y la práctica de esencia, pero en palabras menos rebuscadas, no nos azotamos tanto cuando oímos que a alguien le llaman: negro, indio, españolete, gachupin, gringo o chicano. Sin embargo, para los países donde no tienen nada de qué preocuparse (o al menos no a nuestro nivel), y especialmente en los escandalosos Estados Unidos, el racismo es el cáncer de la convivencia edénica.

Bien dijo alguien alguna vez: haz una película del holocausto y de seguro obtendrás un premio. Bueno, pues no sólo es el holocausto la fuente de ceremonia, también la esclavitud es un tema que rinde frutos. Además de su valor intrínseco, no son coincidencia las múltiples nominaciones que obtuvo la película en varias ceremonias de premios meramente angloparlantes, incluyendo Los Óscars o los Bafta. No es que el trabajo de Lupita Nyong´o no mereciera la estatuilla – porque su actuación es tremenda – o que se infravalore el trabajo en diseño de producción, vestuario y montaje, pero la cinta de Steve McQueen dista de ser el ejemplo perfecto de una película que te quite el aliento.  Gracias a la condescendencia que las academias cinematográficas le regalan a las historias políticamente sensibles, hizo más ruido de lo que le correspondía.

Es cierto, el filme es muy completo, más que la mayoría a lo largo del año, pero tanto la dirección como el guion no ofrecen un matiz tan profundo como lo quieren hacer creer. Si Gravity, es una avalancha de emoción, 12 años de esclavitud es una pendiente que se recorre constante, casi siempre siendo la indignación su acompañante. No me mal entiendan, me gustó la cinta y creo que su manufactura es impecable, pero el recurso narrativo de Steve McQueen pudo ofrecernos mucho más. Más ira, más frustración, más catarsis, más redención(o rendición). Su dirección palidece de contrastes, lo que disminuye la intensidad con la que se puede revivir un tema tan delicado. Otras películas sobre el racismo menos afamadas (Como “The Help” 2011) me brindaron más emoción con menos latigazos. Claro que no se necesita un excesivo maltrato físico al papel de Solomon, pero si ahondar en a su intimidad y en la de la sociedad que lo rodea, descubrirlos como humanos (no sólo como dueño-esclavo), cuestión que a mi parecer, queda a deber (a diferencia  por ejemplo de Shame 2011, obra del mismo director).

Debo decirlo, para su servidor, 12 años de esclavo recibe más premios de los que merece, no así elogios, pues como lo dije antes, esboza un gran tratamiento técnico, fílmico, fotográfico e histriónico, pero también  un ojo demasiado juicioso de McQueen que pone a su personaje principal en un abismo al que conduce predeciblemente al fondo sin acercarse tanto a su maduración emocional. Indudablemente, un realizador esclavo del medio en el que se abre paso de manera contundente.

Los cuatro lentes que le otorgo, significan que a Gravity también debemos subirle su respectivo puntaje (3 1/2)

4 Lentes °°°°

 300: El nacimiento de un imperio

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300, una película perteneciente al numeroso grupo “con una está bien” tiene su revancha este año y por ello es justo preguntarnos ¿En serio la historia de los valientes espartanos tiene de dónde extraer una secuela? Pues, aunque no lo crean, la respuesta es sí, gracias a  la insaciable creatividad de Frank Miller. Muchos pensábamos que la hazaña de Leónidas tendría que morir con él, en las puertas calientes de las Termópilas,  no obstante, otro grupo de griegos, los atenienses, tenían algo que decir. Aquellos “boy lovers” (en palabras del rey espartano) también tienen una historia y también dieron sus vidas para defender la democracia de una manera muy significativa.

Debo dejar en claro que la secuela ya no causará el mismo impacto que la original, porque la primera impresión del tratamiento y el modelo narrativo es la que cuenta. Sin embargo, si se tiene la osadía de fabricar una secuela de tan regocijante película de acción (lejana a los súper héroes o las cintas épicas) se debe como mínimo, mantener el ritmo, y el trabajo de Noam Murro no demerita en absoluto. El cineasta sencillamente alarga la emoción que nació hace 6 años a través de la trepidante acción, tomas en cámara lenta, un ecosistema completamente digitalizado, los inmortales y un héroe griego, eso sí, con la incursión de Artemisa, una Eva Green totalmente espectacular que le da el toque “femenino” al filme, si eres amante de 300 original, con eso es más que suficiente. Sin embargo, antes de celebrar y gritar “Auuuh” con tono espartano, no olvidemos que dicha continuidad tiene un precio, el cual se paga con las actuaciones acartonadas, una trama limitada (aunque más ambiciosa), el nulo desarrollo de los personajes y por supuesto, efectos especiales un tanto discutibles.

A pesar de que este segundo capítulo es intencionalmente casi igual al anterior en contexto y forma, existen dos grandes diferencias. La primera es que la entrega actual se exhibe en tercera dimensión, la cual, es el mayor goce de la misma. Se puede palpar la espesa sangre persa que cruza la pantalla, esquivar las punzantes lanzas que atraviesan el pecho de los súbditos de Jerjes, los senos de Artemisa se intensifican (así es, ¡les dije que estaba espectacular!) y los abdominales del ejercito griego se acrecientan. En verdad, desconozco si existe un alma que no disfrute de este largometraje de 102 minutos. Tristemente, la segunda diferencia no es tan alentadora: La ausencia de Leónidas. Temistocles no desentona, pero carece del porte y el carisma del otrora líder del ejército carmesí, que por cierto es una de las mayores recompensas para el espectador que se cautivó con la saga (si viste la cinta y no gritaste “THIS IS SPARTA” no tuviste infancia).

300: el nacimiento de un imperio es una digna continuación que nos da todo lo que tiene y lo que podemos esperar de ella: Una guerra sin cuartel, un rey-dios que busca oscurecer el mundo en las sombras de su imperio, un pequeño grupo de personas que se oponen a la tiranía y una promesa de que se tendrá una nueva batalla por la libertad en una tercera película.

3 lentes °°°

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