¡Eres un Juguete! The Lego Movie

lego

Vaya aprendizaje que obtuvimos esta semana. Como si se tratase de su programa de educación o de enseñar a un niño de 4 años habilidades psicomotrices gracias al armado de sus bloques, la película de Lego vino a dar lección de como debe hacerse una película basada en un simple juguete.

Los creadores no recurrieron  a complicados tramas de invasión extraterrestre o temas de dominación mundial. No se inventaron un universo carente de esencia y de solidez. En los últimos años, se sacan ideas para hacer películas que vendan de cualquier rincón y hasta por debajo de las piedras. Es por eso que el concepto de hacer cine en base a juguetes no es tan descabellado, pues se tiene a la nostalgia y a las otrora divertidas figuras o muñecos del lado de los realizadores, sin embargo,  la mayoría de las veces los resultados dejan mucho que desear, pues las historias que respaldan al producto son vendidas como narraciones espectaculares siendo en realidad débiles e inocuas. Por eso la película de Lego es diferente, porque no se comercializó como otro tipo de cinta, pues en realidad se vendió como una aventura llena de diversión y eso es lo que pudimos ver en pantalla. Una ridiculez tan grande que tenía que ser llevada al cine. Ganas de jugar y un juguete con que hacerlo.

A diferencia de lo que nos ofrecieron Transformers, G.I. Joe o Battleship, que incendiaron nuestros ojos con pirotecnia y nos volaron el cerebro con sus “tremendas” historias, La película de Lego aprovecha sus extensos dominios de la cultura popular (casi cualquier película o serie popular ha sido convertida en juguetes Lego) para irse por el lado de la parodia cómica y entregarnos un mix de situaciones y personajes bastante entretenido. Phil Lord y Chris Miller  sacaron ventaja de todo a su alcance,  desde la trillada premisa del elegido, presente en franquicias como Matrix o Harry Potter, hasta los múltiples escenarios que se pueden construir con los bloques de la marca para conseguir una sátira lo suficientemente aguda y convincente sobre la autoestima, el valor, el progreso urbano, la diversión y la imaginación.

La combinación del cuidado tratamiento visual (tipo stop motion), el correcto uso del 3D, la diversidad de personajes famosos y los atinados gags (algunos inteligentes, otros no tanto) son elementos que compensan la falta de un guion que se esfuerza en arrancar y mantener el ritmo, desventaja que pasa a segundo plano especialmente para los que estamos acostumbrados a este tipo de animaciones cómicas que no son tan espesas (Los Simpson por ejemplo).

La diversión debe tomarse en serio, pero un juguete no tanto, ese es el gran aporte de esta entrega, que le devuelve algo de dignidad a las películas que tratan de explotar los recuerdos de la niñez con resultados mediocres. Al final no hablaremos del mejor filme sobre un juguete (ese mote ya lo tiene ganado una de las obras de Pixar desde hace tiempo), tampoco de la animación del año y ni siquiera (aunque podríamos) del mejor comercial de la historia, sólo de una cinta (y un equipo de trabajo atrás de ella) que supo distinguir sus ventajas, sus alcances y su objetivo: entretener. Woody estaría orgulloso.

3 Lentes °°°

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